Como nubes condensadas en el cielo, El trote del caballo se detuvo con una fugacidad afligidora, y a la vez extraña.
Nunca llegué a comprender que me atraía de ese gran corcel; quizás su dulce tacto, su gran elegancia, o su bello cuerpo.. Una vez mas, el recuerdo de su larga crin negra me condujo hacia el espesor del bosque, pero sin su presencia, los árboles me tomaban bruscamente entre sus ramas.